mesæstandar

#3 Ciclo

Arquitectura reversa1 - Pio Torroja

Desde la crisis de 2001, la cantidad de hectáreas dedicadas al cultivo intensivo de la soja pasó de 10 millones de hectáreas a 18,2 millones en 2010. En diez años Argentina se transformó en el primer exportador mundial de harina y de aceite de soja y el tercer exportador mundial de poroto de soja después de EEUU y Brasil. En el mismo lapso, solo en la ciudad autónoma de Buenos Aires se construyeron 14’662.327 m2 cubiertos de superficie residencial, principalmente para el mercado inmobiliario. Uno de los muchos productos de este crecimiento material es que del 1,4 millones de viviendas, 300.000 están deshabitadas: 25% del total; sin embargo, la ciudad ha producido una población de medio millón de personas que viven en viviendas precarias y situaciones de hacinamiento o en la calle, una población al margen de los flujos de riqueza generados por estos crecimientos. No son necesarias nuevas construcciones para enfrentar esa necesidad, solo hace falta habitar 170.000 de esas viviendas vacías.

En la edición de octubre de 2011 del portal iProfesional.com se leía una breve explicación que relaciona los dos fenómenos: “La conexión entre los ingresos de la soja con la actividad de la construcción y el mercado de las propiedades ha llegado a tal punto que muchos expertos no dudan en afirmar que hay una verdadera ‘soja-dependencia’ por parte del sector inmobiliario”. 
No son procesos independientes, que suceden en paralelo. Un negocio alimenta al otro. La superficie de cultivo y la superficie construida están fuertemente imbricadas, ¿son una mismasuperficie?

Las Naciones Unidas prevén que para el año 2030, 60% de la población mundial vivirá en ciudades; la urbanización se ha transformado en un futuro común inmediato. Hacia el final del siglo XIX los científicos comenzaron a percibir la influencia humana en el planeta tierra; esta influencia, que creció exponencialmente durante el siglo XX, y que muchos datan del comienzo del neolítico (5000 a. C.) con las primeras rotulaciones sistemáticas del suelo, no ha dejado de aumentar su ritmo e intensidad. Los cambios en el clima terrestre y los océanos, el suelo y la biósfera son ahora rápidos y enormes, la acción humana es el centro de un intenso debate. ¿Debe llamarse ‘antropoceno’ –como sugirió Paul Crutzen, premio Nobel de química– a la actual época de la historia terrestre debido al impacto global de las actividades humanas sobre los sistemas de la tierra? La ciudad, el proceso de urbanización, que es generalizado, ha llegado a tener dimensiones geológicas.

La arquitectura y la planificación, como disciplinas e instituciones, configuran dos de los saberes y técnicas necesarias para hacer viable la transformación del suelo terrestre; para que, en el caso argentino –una alegoría posible de este proceso– funcione el ecosistema mercado inmobiliario/monocultivo intensivo de soja.

La eficiencia planetaria de la arquitectura puede deberse a un perfeccionamiento filosófico y a su puesta en práctica; a la extenuación de la distinción entre sujeto y objeto. Podríamos especular que para la arquitectura el objeto, “lo que es arrojado o lo que se ha arrojado delante”, es el medio y el final de una cadena de acciones; el hombre o la voluntad, su origen. Ha sido arrojado por mí, delante mío; el objeto sería una cera pasiva y muda que espera ser moldeada. En la forma de un edificio2, el objeto, constituye un nodo terminal y un ‘lugar local’ –si se me permite una expresión redundante–, donde las cosas llegan y se encuentran, luego se aquietan y estabilizan, se disciplinan; es un punto de consumo final, un punto de consumación. La arquitectura responderá tanto por el despeje del espacio que ocupará aquello que llega, como por su organización local; pero no por el camino y la procedencia de aquello que llega al lugar local, ni por lo que sale de él.

Si la arquitectura es el arte de empujar o arrojar materia, energía e información hacia un destino final, el arte de ir acumulando una delgada pero continua capa de materia sobre la tierra, nada nos impide pensar en revertir ese movimiento de acumulación. Quizás es tiempo de revertir la arquitectura, de trazar el camino de aquello que llega a los lugares locales y de aquello que sale de ellos, de responder por la logística de esos flujos, o al menos de conocerla y percibirla. Un movimiento de reversión tal no puede significar otra cosa que una tarea política, o más precisamente, de ecología-política; un ejercicio filosófico o sentimental para salir del modelo de acción donde hay un objeto y un sujeto; puesto que ahora el objeto tiene el tamaño del mundo que nos contiene, y el sujeto ya no puede arrojar nada hacia adelante que no llegue, casi inmediatamente, por detrás o por arriba. 

 

1 Estas notas son parte del debate alrededor del cual surge NodoSur, una asociación entre m7red, Ala Plástica y otros, y cuyos miembros son parte de la red del Ecuador Político. NodoSur, en conjunto con Teddy Cruz, del Centro para Ecologías Urbanas de la Universidad de California San Diego (UCSD) y con el apoyo del Haudenschild Garage, trabajan en la cuarta edición de la conferencia Ecuador Político, que se desarrollará en en el ámbito de la Cuenca del Plata.

2 El problema del edificio como objeto o como punto de pasaje lo desarrollamos en el taller “Qué es un edificio. Deconstrucción y re-ensamblaje. Objetos-edificios, edificios-colectivos, arquitectura o política”, 2011. Para una exploración de cómo se da esto en la práctica ver el taller “ Ecologías edilicias - Cómo componer un edificio”. 2011. Este versa sobre una construcción de a77.