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#3 Ciclo

Re–ciclo Los materiales de trabajo como objetos de consenso - Ariel Jacubovich

Dentro del paradigma ecológico en formación podemos decir que el reciclaje de materiales es un procedimiento que se lleva bien tanto con el consumo como con la sustentabilidad. Los materiales, una vez cumplido el ciclo para el que fueron fabricados, pueden volver al primer eslabón de la cadena y pasar de ser objetos terminados a convertirse en la materia prima de mercancías a producir. Por supuesto, en el medio se pierden gran cantidad de las cualidades y capacidades que fue adquiriendo ese material a lo largo de su vida. El papel reciclado no mantiene la poesía escrita sobre los cuadernos de donde proviene, ni siquiera queda huella de la tinta que se usó en él.

Distinta es la situación cuando utilizamos materiales preformados para producir otra cosa, ya no como materia prima sino como elementos con forma. Reciclar como una práctica que plantea el hacer a partir de desviar fragmentos o restos preexistentes de la cultura1. Sin embargo, al final de esos desplazamientos ciertas cualidades se mantienen todavía: las operaciones destructivas de traducción finalizan construyendo la transformación; conservan las inteligencias y las transmiten reorganizadas.

Vale aclarar que la palabra reciclaje en arquitectura se refiere, por lo menos localmente, a las intervenciones en edificios preexistentes que se refuncionalizan para otros usos. Esa categorización de obras pierde todo interés si consideramos que las intervenciones que hacen los arquitectos tratan sobre la transformación de lo preexistente.

Propongo enfocar ya no en los edificios, sino en la práctica, y en particular en los materiales de trabajo que desarrollamos en la tarea de producir arquitectura. Proyectos constituidos por diferentes instancias que en su acumulación y concatenación aportarán, llegado el caso, a la configuración de las edificaciones.

¿Cuáles son los materiales de trabajo dentro de un proyecto de arquitectura? ¿Cómo se configuran? ¿Cómo se produce el pasaje de uno a otro? ¿Existe un material inicial, externo, encontrado o preexistente a partir del cual se desarrollan los otros? ¿Cómo se mantienen las cualidades a lo largo de la metamorfosis de material preexistente a proyecto con capacidades de transformación?

En algunos proyectos en los que vengo trabajando, ciertos materiales de trabajo surgen a partir de materiales preexistentes (encontrados en el lugar o surgidos de la situación), que mediante procedimientos de traducción van construyendo las diferentes instancias de aproximación a los documentos constitutivos del proyecto. Algunos de esos materiales de base ni siquiera son materiales arquitectónicos, en el sentido de ser imágenes o dibujos de otras arquitecturas. En Aurea, el reciclaje de una casa como centro de técnicas corporales, utilizamos fotos de Joseph Pilates, el creador del método, para desarrollar las plantas del proyecto al mismo tiempo que construíamos un lenguaje común con el comitente. En Casa Isabella, una intervención de vaciado de una casa preexistente, fueron los revestimientos que debíamos retirar de la casa los que se incorporaron como material para definir la forma del corte de la demolición. En Ciudad Roca Negra, un proyecto de equipamiento comunitario que hacemos con una organización social y política, es una imagen significativa para el colectivo y su lucha reivindicativa la que sirve de arranque. La utilización de ese dibujo como material de base para producir el proyecto, requirió determinar y aplicar un protocolo de transformación que pasó por la geometrización, el desmembramiento en partes, la sistematización y reorganización de las mismas, su territorialización y por último, la carga de programas, usos y técnicas de construcción.

Al final de esos procesos de laboratorio, gran parte de las cualidades iniciales se perdieron2, sin embargo resultó interesante ver que algunas sí permanecieron, transformadas. El reconocimiento de que existe una continuidad entre el material de base y el proyecto da cuenta de la persistencia de las significaciones latentes en el inicio, pero que no se dan en el plano de las ideas o de las voluntades discursivas, sino en el de las capacidades concretas que tienen los objetos para sostener articulaciones estables entre una multiplicidad de actores con intereses diversos. Se trata de una estabilidad que permite construir consensos provisorios que movilizan la construcción de un proyecto común. Es cuando los objetos participan activamente en producir acuerdos, y es ahí donde los arquitectos poseemos herramientas con enormes capacidades políticas al configurar los materiales de trabajo como objetos de consenso.


1 Esa sería la tarea del bricoleur, tal como nos la describió Levi Strauss en El Pensamiento Salvaje. El trabajo de W. Benjamin, en su Libro de los pasajes, presenta un ejemplo todo hecho a partir de citas y anotaciones: descontextualizándolas, utilizándolas, desplazándolas, como desvío o como pasaje. En los últimos años la figura del bricoleur viene siendo reemplazada por otras como la del D.J., y los procedimientos de collage y montaje por los de samplingmashup ymorphing, entre otros.

2 Es lo que le pasa al croissant de Miralles y Prats, “las cotas devuelven la transparencia a esta forma, con todas sus cualidades negativas: inodora, incolora y sin sabor”. Enric Miralles y Eva Prats, Cómo acotar un croissant en El Croquis 49/50, España, 1991.