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#3 Ciclo

Suburbia - Jose Antonio Hernández

Uno de los símbolos de la crisis financiera de los últimos años en Europa y Estados Unidos lo constituye Suburbia: aquel barrio tipo sueño americano, de casa individual con jardín y garaje, en las afueras de la ciudad, sin centro y repetida ad infinitum. La burbuja inmobiliaria —hipotecas y la ‘crisis del ladrillo—, detonante del descalabro económico, estaba representada, en mayor porcentaje, por casas suburbanas; hoy abandonadas a medio construir o rematadas a bajo precio entre las nuevas minorías americanas: latinos, asiáticos y afroamericanos. Esta invención urbana y arquitectónica —el binomio casa de fabricación masiva y automóvil— creó un bucle con la cultura pop americana y se configuró, junto con el centro comercial, en el producto de exportación más exitoso de su arquitectura.

Devolvámonos en el tiempo, para ubicarnos en una pequeña historia dentro de la génesis de Suburbia. En 1941, Richard Evans Schultes, etnobotánico americano —posteriormente director del Museo de Botánica de Harvard— se encontraba en la Amazonia colombiana investigando y recolectando plantas (le interesaban las propiedades de los alucinógenos y los venenos utilizados por las culturas precolombinas). En simultánea, en el Pacífico asiático el ejército japonés tomaba control de las mayores plantaciones de caucho del mundo, localizadas en Singapur y Malasia, privando a los Aliados de una materia prima esencial para su máquina de guerra (neumáticos, llantas, partes para motores de aviones y carros de combate). El gobierno de EEUU encargó a Schultes desarrollar, en tiempo record, plantaciones de caucho en Latinoamérica. El etnobotánico dedicó varios años a este propósito, recolectando semillas de diferentes especies y creando cultivos piloto en Costa Rica, Ecuador y Brasil.

La dificultad de la tarea y la urgencia de la misma, aceleraron los esfuerzos de los científicos para desarrollar cauchos sintéticos de calidad. Finalmente estos lograron desarrollar el producto antes de que las plantaciones de Shultes dieran frutos. El gobierno americano financió y construyó grandes complejos industriales para producir caucho. Uno de estos complejos es Rubbertown, en Louisville, Kentucky. Después de finalizada la guerra, estas industrias, sin maquinaria militar qué alimentar, fueron casi regaladas a las grandes productoras de llantas (Goodyear, Uniroyal, Dow, entre otras). Eisenhower, general durante la guerra y posteriormente presidente de EEUU, regresaba de Europa visiblemente impresionado por las autopistas alemanas —las Autobahn—. Miles de soldados que volvían de la guerra fueron empleados en fábricas de automóviles, casas prefabricadas, llantas, electrodomésticos y para la construcción de autopistas. Ciudades como Louisville pasaron de 200.000 habitantes antes de la guerra (y un centro urbano compacto), a más de un millón en 1970; con 80% de la población viviendo en barrios suburbanos, construidos alrededor de centros comerciales y alimentados por autopistas. Al mismo tiempo el discurso de la cultura pop americana (cine, tv, música) alimentaba la idea de que vivir en la ciudad no era seguro y que una familia solamente podría desarrollarse bien en Suburbia.

Suburbia resume, en su historia, la explosión del capital como paradigma global, traducida en una tipología urbana y en un ideal de vida. Después de colonizar las ciudades americanas, Suburbia desembarcó en Europa con la misión de reconstruirla —el banliue francés no es solo el bloque moderno, sino también el pabellón suburbano—; y más tarde arribó a Latinoamérica y Asia, donde asumió la forma de unidades cerradas o Gated Communities.

Suburbia: una tipología urbana tan resistente y con tanta capacidad de adaptación como la maleza.