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#6 Renuncia

Exigimos que nuestra renuncia sea devuelta - Gabriel Díaz Montemayor

A todos:

Al ejercer y realizar las arquitecturas y urbanismos en Latinoamérica hemos decidido renunciar colectivamente, en un acto simultáneo y dicótomo, a las responsabilidades sociales y ambientales consustanciales a nuestros oficios. No hemos renunciado, sin embargo, al aspecto económico e inmediato, anteponiéndolo casi como factor único. Aunque se proclame lo contrario, en la mayoría de los medios de moda, de estilo, de formas, la realidad plantea que es ese statu quo al que no decidimos renunciar aquel  que define lo atractivo y de manera simultánea contribuye a la deplorable percepción pública de nuestras prácticas y academia. En su lugar, elegimos sobrevivir edificando decidida pero efímeramente las inevitables fechas de caducidad, producto de nuestras renuncias.

En nuestras prácticas y academia ocultamos la renuncia a la responsabilidad con el medio ambiente mediante técnicas sostenibles, pero apenas paliativas o referencias formales, que solo la intelectualidad ególatra descifraría. Los aspectos sociales los enmarcamos de manera ventajosa al modelo agotado de la modernidad, enarbolando la idea de que el diseño tiene que atender a un todo, incluso a la vanguardia, que sin embargo, a pesar de ya haber estado vigente por casi un siglo, no ha dejado un legado de equilibrio e igualdad. Todo lo contrario.

Tal vez ni siquiera renunciamos de manera consciente. Es probable que, en nuestra deriva atendiendo otros horizontes y preocupaciones improductivas con la voluntariosa idea de pertenecer a lugares, culturas y paisajes ajenos a nuestro lugar, terminamos sumergidos en el limbo, no solo circunstancial, del subdesarrollo. Sin embargo, en esta coyuntura el ímpetu transformador de  los valores tendría que haber dirigido nuestros esfuerzos a objetivos más útiles y alcanzables. Valores que debieron estimularse y nutrirse en nuestras numerosísimas escuelas de diseño, arquitectura, urbanismo y paisaje (en ese orden, aunque también todas en modo de sobrevivencia). Estas instituciones están llamadasa construir la base para mejores practicantes y multiplicar educadores; aquellos que al paso de tan solo una generación podrían ofrecer la esperanza del cambio, que se observaría en gremios más unidos, más participativos, con fuerza política, que construyan normas, reglamentos, leyes, que provean la dirección adecuada orientada hacia un ejercicio ético, responsable y justo de las profesiones que intervienen nuestras regiones, ciudades, poblados y edificios. Con profesores que en la revelación de la corresponsabilidad del desastre urbano imperante podrían recuperar credibilidad en el alumnado y los tomadores de decisiones para ser integrados no solo como observadores (con voz, sin voto), sino también como parte de un conglomerado impulsor,  informado y preocupado por el bienestar general de personas, sociedades y ecosistemas.

En nuestra renuncia hemos dejado de hacer ciudadanos y hemos permitido hacer a los irresponsables.