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#7 Misterio

Improbable - Miguel Mesa

En 2009 visité durante una semana la costa Atlántica colombiana, a la altura de Barú. Al ver pequeñas montañas de fragmentos de coral en la playa recordé el ejercicio que había hecho Jorge Wagensberg a orillas de un río y que está recogido en el libro La rebelión de las formas: el físico y sus colegas buscaron las formas más abundantes o probables en las piedras acumuladas en los playones.Constataron que la esfera, ―la letra ‘o’― y las formas que tienden a ella predominaban, y que era altamente improbable encontrar piedras con forma de ‘x’ o con formas de ‘s’ o ‘r’. Rodar durante un tiempo largo por el lecho del río redondea.

Decidí probar con los corales. Empecé buscando la letra ‘a’. Tenía como estímulo el alfabeto que Miralles había encontrado en las sombras arrojadas por algunos fragmentos de sus obras. Al ser arrastrados por el lecho marino, entrar y salir con las olas, los corales se parten. En menos de una semana encontré todas las letras del alfabeto. Hallar letras en los fragmentos de corales radicaba en la diversidad de fragmentos disponibles ―pedazos partidos de muchas maneras―, en la condición fractal de su forma y en las uniones naturales o fusión entre fragmentos que pudo haberse dado en el mar mismo o al estar al sol acumulados en la playa. El hecho de encontrar pedazos cercanos a los 10 y 15 centímetros de largo hablaba de la juventud de esas piezas que aún no se convertían en arena, es decir, que aún no se redondeaban, no se aplanaban.

No sé si es un misterio que pueda encontrar el alfabeto entero en fragmentos de coral que arroja el mar. La ciencia dirá que es un fenómeno poco probable; algunos, que es el azar, o incluso que se trata de un mensaje divino. Cuando hacía el último año de bachillerato, un profesor nos dijo un día que para que se diera el misterio de la vida en otro planeta diferente a la Tierra tendrían que darse un conjunto de circunstancias tan complejas, que podrían compararse con que un chimpancé se sentara frente a una máquina de escribir y le saliera de una sentada El Quijote.

Si ya las esferas, los helicoides y los fractales, las formas específicas de relación del universo, nos parecen un misterio, ¿qué decir entonces de las improbables, de esas que parecen querer hablarnos, tocarnos, enviarnos un mensaje? Seguro me equivoco, pero creo que una de las tareas de la arquitectura es la improbabilidad, perseguir las mil y un formas de lo ―difícil, incierto, inseguro―, unir o conectar lo que no se reuniría por sí solo…, ver letras o mensajes en desechos, perseguir la vida y la belleza donde parecen inviables.