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#4 Reforma

Arquitectos de cabecera - Zuloark

Las fotos habituales para narrar una reforma de arquitectura suelen presentar una vivienda recogida y ordenada, seguramente limpia y muchas veces sin personas. Estas imágenes reflejan un panorama encapsulado y preparado, fotografías que proponen un ambiente artificial con el objetivo de contar con la mayor abstracción posible la idea que el arquitecto ha querido desarrollar en su proyecto.

Después de las razonables críticas desde el mundo de la sociología o la antropología, los arquitectos más consecuentes enseñan las instantáneas de sus proyectos de reforma intentando reflejar la atmósfera ‘real’ de los espacios, colocando en las imágenes a sus verdaderos protagonistas: los clientes, usuarios o utilizadores de la vivienda, edificio o arquitectura que se quiere relatar. Los más osados, incluso desnudan la realidad y muestran cómo esos actores transforman las ideas iniciales del proyecto, cómo el día a día y la cotidianidad ‘mejoran’ la arquitectura, la re-reforman y utilizan. Se recupera así este nuevo/viejo paradigma de la arquitectura como infraestructura para ser aprovechada y utilizada.

Sin embargo, la imagen que encabeza este artículo es la que nos interesa enseñar de un proyecto de reforma que hicimos para la vivienda de Dani y Cristina, en el paseo de Extremadura de Madrid. No hemos querido enseñar los detalles en junta seca que permiten volver a transformar la vivienda sin apenas obra, ni el zócalo técnico que consigue que aparezcan y desaparezcan enchufes, ni las puertas abatibles que hacen que Dani y Cristina puedan organizar su casa como un gran salón y una habitación, o como una vivienda de salón más tres habitaciones. Ni siquiera vamos a enseñar la puerta secreta que hay en el armario principal, donde al correr las perchas y los abrigos, aparece un acceso que da paso a una habitación adjunta. La imagen que hemos querido enseñar de la reforma es la firma de un contrato.

El proyecto de reforma que os contamos, por supuesto reformó la vivienda de Cristina y Dani, pero a la vez reformó el papel del arquitecto que participa en el proceso. La imagen que encabeza este artículo muestra a Dani, a Cristina y a Yeinsti (como representante de Zuloark), firmando el contrato que ratificaba el papel que íbamos a desempeñar en la reforma. Un contrato que nos nombra como arquitectos de cabecera de esa vivienda, arquitectos que no terminan nunca la obra, sino que la acompañan durante un periodo largo de tiempo. Un contrato que nos vincula para orientar, aconsejar y mediar, para conseguir que esa casa fuera más vivible y utilizable, para que gastara menos electricidad, para que pudiera evolucionar en función de cómo evolucionara la familia. Un contrato que nos permitía trabajar con materiales diferentes, con detalles y soluciones que tuvieran en cuenta esa posibilidad de evolución. Un contrato que deja de pensar en los arquitectos como estrellas que abandonan el día de la inauguración de la obra y que nos viste con la bata de trabajo de los que permanecen. Pero no con una visión paternalista, sino con una visión profesional diferente. Un contrato que ofrece un servicio y no un producto, porque en el momento en que lo firmamos los tres, ya no volvimos a ser el cirujano especializado, sino el médico de familia que acompaña y conoce, que diagnostica y ofrece opciones, que comparte su visón especializada para diseñar con Dani y Cristina un objeto crítico, capacitado explícitamente para desarrollarse.

Nos gusta pensar en este proyecto de reforma, no como el proyecto de la reforma de la casa de Dani y Cristina, sino como el proyecto que busca reformar el rol del arquitecto que nos apetece ser.