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#4 Reforma

Lecciones de lo doméstico - Manuel Villa

Introducción

Parece que la única consideración en torno a la producción arquitectónica‘acelerada’de vivienda en la periferia de nuestras ciudades latinoamericanas está relacionada con los flujos de dinero que estos proyectos representan para las economías locales. Las ciudades se siguen expandiendo en bloque sobre áreas rurales de cultivo y de amortiguación ambiental, y los centros urbanos, en la mayoría de los casos, quedan subutilizados por falta de políticas públicas que dirijan e incentiven sus redesarrollos. Carecemos de políticas que promuevanla construcción social de una economía cultural que haga visible los beneficios de construir densificando y adecuando lo existente. La economía se enfoca en los aspectos cuantitativos más que en los cualitativos, en el volumen de la producción neta más que en la forma en que se producen y gestionan los recursos para lograr bienestar; esto sin anotar las implicaciones socioculturales negativas que este modelo de gestión del espacio urbano puede representar.

Mi experiencia inicial con las reformas domésticas constituye la base de mi proceder como arquitecto. Estos primeros ejercicios, que comúnmente se asumen en nuestro contexto profesional como rápidas y pequeñas simulaciones de lo que verdaderamente será la práctica de la arquitectura, en mi caso han sido experiencias relevantes, verdaderas oportunidades sobre las que he encontrando mi vocación, a través de las que consolidé maneras y procedimientos proyectuales y,ante todo,sobre las que he construido una visión y entendimiento de las dinámicas políticas, culturales y económicas que enmarcan nuestro oficio.

Lo doméstico es un campo de registro en el quelos usuarios van dejando rastros espontáneos y verdaderos de su cotidianidad. A través de decisiones políticas y emocionales, la organización espacial de sus interiores, la adición de nuevos lugares a la vivienda o la incorporación de otras actividades, los individuos llenan el espacio con sus costumbres, sus emociones y sus necesidades. Lo doméstico es el lienzo donde progresivamente las sociedades, desde una construcción individual, dejan plasmados sus intereses remarcando lo trascendente y perdurable; transformando lo práctico y circunstancial, y desechando lo efímero e inconveniente. Acá la arquitectura opera como un documento de registro y de construcción de la memoria.

Pero lo doméstico también es el lugar en el que se validan y toman parte los procesos colectivos que impulsan la transformación de nuestras sociedades; y allí es necesario pensar la arquitectura como servicio y no como producto: a través de la incorporación de dinámicas diferentes, ella pone a prueba nuevos desafíos espaciales, materiales, simbólicos y operativos,en la búsqueda de atender las demandas de sus usuarios, y a la vez los impulsos económicos y culturales del sistema.

De esta manera, en lo doméstico confluyen nuestra capacidad como sociedad de reconocer lo individual y nuestra disponibilidad como individuos para atender lo colectivo.

Reformar lo doméstico es, primordialmente, una acción de reconocimiento político, una acción colectiva entre todos los actores involucrados, que nos permite identificar las circunstancias propias de los usuarios y las condiciones operativas y económicas del contexto dispuestas para la intervención. Desconocer estas circunstancias solo garantizará que nos embarquemos en procesos des-localizados y efímeros.En contraste, su reconocimiento nos permite descubrir la pequeña escala, lo íntimo de los espacios, las relaciones entre lo funcional y lo simbólico; para que desde el punto más sensible de lo cotidiano, del habitar, impulsemos acciones espaciales encadenadas que finalmente se expresarán en la construcción de nuestras ciudades. Si nuestras ciudades, entendidas como infraestructura social y ecológica, no permiten el comportamiento orgánico y fluido de sus habitantes entre sí y con su territorio, ellos únicamente proyectarán en lo colectivo la insatisfacción y la incomodidad.

Reformar es una necesidad, una acción rítmica o periódica de las sociedades, que permite actualizar los discursos y los entendimientos colectivos; es desacomodar para encontrar un nuevo orden, una nueva lógica que atienda ágilmente lo circunstancial en función de garantizar la continuidad; es un proceder que demanda un entendimiento dinámico y receptivo dela historia, de la pasada y de la nueva. Reformar implica la comprensión de la arquitectura como un hecho colectivo, horizontal entre arquitecto y usuarios, dinámico y dialógico, que se construye paso a paso por capas de información.