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#8 Trópico

Trópico. ‘Faded Elegance’ 1 - Carol Burton

Esta casa ya no es una casa.

El trópico es único. Todos quieren visitarlo, exótico, cálido.

Desde siempre quienes van se llevan algo. Un flamenco de plástico rosa, una jarra en/con forma de tucán, toneladas de bananas, petróleo, maderas exóticas o un par de chanclas ‘Hawaianas’ (ahora ya se pueden adquirir en cada tienda del planeta). En su momento fue oro, cacao, hombres, mujeres y niños, frutas exóticas y enfermedades tropicales; el trópico da de sí.

A cambio se importó cultura, moda, alimentos enlatados y jugos de frutas tropicales en bidón de 5 litros, también modelos de ciudad, edificios enteros y modelos económicos, todo enlatado. Es parte de la “globalización”, este pertinaz proceso tan pintoresco que antes llamábamos imperialismo.

Hoy, apenas unos siglos desde el comienzo de este intercambio, el trópico ya no es el trópico. Del estilo precolombino, al colonial, luego al post colonial, hasta el estilo ‘latinoamericano’, finalmente, con la llegada del siglo XX. El inicio de ese proceso, aun ajeno a los mercados, lo marcaron los recién llegados introduciendo en un enriquecedor sincretismo sus tradiciones arquitectónicas y urbanísticas, a la vez que otros elementos folclóricos menos valiosos. El exuberante trópico los hizo propios y los volvió a componer con su clima, costumbres y necesidades, definiendo un estilo único, elegante y sensual. La vegetación hizo su parte. Se delinearon así las ciudades, los edificios públicos y la “casa”.

La casa del trópico se caracterizaba por tener ambientes amplios, patio y varias habitaciones, pero principalmente por la cocina y el salón siempre abiertos a vecinos y amigos, lugar de reunión, espacio público-privado de construcción social. Las necesidades y costumbres de una sociedad moldearon la herencia y definieron una arquitectura propia. El intercambio continuó, bienes y recursos se iban del trópico, y nuevos modelos de ciudad y modas arquitectónicas se importaban e imponían, ya no como parte de los modos tradicionales que los primeros colonos traían grabados en su acerbo, sino como tendencias, esta vez diseñadas por una élite pensante y cada vez más comerciante, ajena a localismos y tradiciones.

En medio de un proceso de maduración llegó el modernismo y la casa sufre una dramática transformación, también la sociedad. Fue un punto de inflexión en muchos aspectos. La arquitectura modifica inevitablemente el entorno donde se inscribe, así como la vivienda modifica el modo de vida de sus habitantes. La sociedad cambió y sus necesidades con ella. La familia moderna requirió de otra tipología y la casa del trópico se abandonó hasta casi desaparecer, extinguirse y con ella un modo de vida, un modelo de ciudad y sociedad. Se inició un periodo de gran desarrollo arquitectónico que continuó sin cuestionarse nada hasta nuestros días. Dejando detrás propuestas intrascendentes y muy pocos logros, principalmente en torno a la vivienda colectiva. Una arquitectura anodina, plagada de tópicos y muy poco del trópico.

Se cambió la legitimidad que emana de ese manantial mestizo que construye lo que necesita para hacer su vida, por el mercado. El ‘construyo con lo que tengo a mano’ por el ‘vivirás en lo que te vendo’. En definitiva se cambia cultura por modelo de mercado.

Hoy el tema de la ‘casa’, de la vivienda, es uno de los principales problemas en las agendas políticas de la región. Se nos plantean dilemas de muy costosa y compleja resolución. La sociedad con un precario equilibrio entre los valores individuales y sociales, demanda una nueva tipología, una vivienda flexible y nuevos espacios de reunión, espacios públicos que ayuden a recomponer los vínculos, la colectividad. Nos enfrentamos a un nuevo quiebre en el modo de entender la ciudad y hacer arquitectura. 
Los problemas de planeamiento y planteamiento se agravan con la explosión demográfica que están viviendo las ciudades del trópico. La población rural expulsada de sus tierras, sale en busca de un nuevo hábitat y las ciudades de la región ya no están tan abiertas a nuevos colonizadores como lo estaban antes.

Esta oleada de inmigrantes se topa con la realidad de la ciudad moderna, descompuesta, obsoleta, incapaz de dar respuestas a las demandas de una sociedad cada vez más compleja y desigual.

Se fueron consolidando asentamientos urbanos improvisados, sin planificación, que hoy reclaman otras cuestiones fundamentales de habitabilidad, no solo un techo, una casa.
Nuevos edificios no es solo lo que se necesita como respuesta a la cuestión de la vivienda, esa es solo una respuesta positiva que beneficia a unos pocos y por un determinado periodo de tiempo. La problemática es más compleja y requiere de acciones planificadas a largo plazo, con objetivos auditables en el corto y medio. Se torna urgente emprender acciones sociales, urbanas y arquitectónicas coordinadas y consensuadas.
 
El trópico requiere de preguntas más profundas, esta situación nos enfrenta a la imperiosa necesidad de cambiar el modo de mirar la ciudad, la casa, y comenzar de nuevo con un análisis más serio y comprometido, atendiendo a las necesidades reales de hábitat y no de estética habitacional.

Dejar de mirar hacia afuera, de importar productos enlatados, de producir local que no autóctono, de aprovechar los recursos y la experiencia, de aprender de las mejores prácticas y trasladar el saber hacer.

Nos toca como profesionales de esta área reflexionar entonces sobre nuestro papel en el diseño de la ciudad, frente a esta nueva ruptura socio-económica. La ciudad no da más de sí, la casa no da más de sí.

Creo que llega el momento de comprender y aceptar que la “arquitectura es política”, como afirma Mitchell Kapor; cuando hacemos arquitectura, hacemos ciudad, hacemos sociedad, modificamos el entorno que alberga lo social, lo económico, las demandas, etcétera. Si nos seguimos haciendo las mismas preguntas seguiremos cometiendo los mismos errores. La ética del diseño es fundamental. Somos responsables indirectos de la extinción, del desmantelamiento del trópico, de la falta de respuestas dignas a la problemáticas de la vivienda. De no saber hacer las preguntas correctas. Fácilmente se nos podría acusar de falta de rigor profesional y compromiso social.

Esta casa ya no es una casa. Solo queda la esperanza de la vegetación, del huerto del patio que un día finalmente sea de nuevo nuestro biótopo y vuelva el trópico. De otro modo también nosotros estamos en peligro de extinción.


1 Faded Elegance es el título de la muestra fotográfica sobre Cuba del artista/fotógrafo Michael Eastman - http://eastmanimages.com/